Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
1Así dice Yahvé: “Observad el derecho y practicad la justicia; porque pronto vendrá mi salvación, y va a revelarse mi justicia.”
6Y a los extranjeros que se unen a Yahvé, para servirle, y para amar el nombre de Yahvé, y ser sus siervos; a cuantos guardan el sábado sin profanarlo y se atienen a mi alianza,
7los conduciré a mi santo monte, y los llenaré de gozo en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán gratos sobre mi altar: porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.”
2Dios tenga misericordia de nosotros y bendíganos; vuelva hacia nosotros su rostro sereno,
3para que sus caminos sean conocidos sobre la tierra, y su salvación entre todas las naciones.
5Alégrense y salten de gozo las naciones, viéndote gobernar los pueblos con justicia y regir en la tierra a las naciones.
6Te alaben los pueblos, oh Dios, te alaben los pueblos todos.
7La tierra ha dado su fruto; nos bendijo Dios, el Dios nuestro. ¡Que Dios nos bendiga y que le reverencien hasta los últimos confines del universo!
13A vosotros, pues, los gentiles, lo digo —en tanto que soy yo apóstol de los gentiles, honro mi ministerio—
14por si acaso puedo provocar a celos a los de mi carne y salvar a algunos de ellos.
15Pues si su repudio es reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión sino vida de entre muertos?
29Porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables.
30De la misma manera que vosotros en un tiempo erais desobedientes a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia, a causa de la desobediencia de ellos,
31así también ellos ahora han sido desobedientes, para que con motivo de la misericordia (concedida) a vosotros, a su vez alcancen misericordia.
32Porque a todos los ha encerrado Dios dentro de la desobediencia, para poder usar con todos de misericordia.
21Partiendo de este lugar, se retiró Jesús a la región de Tiro y de Sidón.
22Y he ahí que una mujer cananea venida de ese territorio, dio voces diciendo: “¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está atormentada por un demonio”.
23Pero Él no le respondió nada. Entonces los discípulos, acercándose, le rogaron: “Despídela, porque nos persigue con sus gritos”.
24Mas Él respondió y dijo: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.
25Ella, no obstante, vino a prosternarse delante de Él y dijo: “¡Señor, socórreme!”
26Mas Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros”.
27Y ella dijo: “Sí, Señor, pero los perritos también comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”.
28Entonces Jesús respondiendo le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágasete como quieres”. Y su hija quedó sana, desde aquel momento.