Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
9Entró allí en una cueva, donde pasó la noche. Y he aquí que fue dirigida a él la palabra de Yahvé, que le dijo: “¿Qué haces aquí, Elías?”
11Le dijo (Yahvé): “Sal fuera y ponte de pie en el monte ante Yahvé.” Y he aquí que pasó Yahvé. Un viento grande e impetuoso rompía delante de Yahvé los montes y quebraba las peñas; pero Yahvé no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto; mas Yahvé no estaba en el terremoto.
12Y después del terremoto, un fuego; pero Yahvé no estaba en el fuego; y tras el fuego, un soplo tranquilo y suave.
13Al oírlo Elías se cubrió el rostro con su manto y salió, y se puso de pie a la entrada de la cueva. Y he aquí una voz que le dijo: “¿Qué haces aquí, Elías?”
9Quiero escuchar lo que dirá Yahvé mi Dios; sus palabras serán de paz para su pueblo y para sus santos, y para los que de corazón se vuelvan a Él.
10Sí, cercana está su salvación para los que le temen; y la Gloria fijará su morada en nuestro país.
11La misericordia y la fidelidad se saldrán al encuentro; se darán el ósculo la justicia y la paz.
12La fidelidad germinará de la tierra y la justicia se asomará desde el cielo.
13El mismo Yahvé dará el bien y nuestra tierra dará su fruto.
14La justicia marchará ante Él y la salud sobre la huella de sus pasos.
1Digo verdad en Cristo, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, de que no miento:
2siento tristeza grande y continuo dolor en mi corazón.
3Porque desearía ser yo mismo anatema de Cristo por mis hermanos, deudos míos según la carne,
4los israelitas, de quienes es la filiación, la gloria, las alianzas, la entrega de la Ley, el culto y las promesas;
5cuyos son los padres, y de quienes, según la carne, desciende Cristo, que es sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
22En seguida obligó a sus discípulos a reembarcarse, precediéndole, a la ribera opuesta, mientras Él despedía a la muchedumbre.
23Despedido que hubo a las multitudes, subió a la montaña para orar aparte, y caída ya la tarde, estaba allí solo.
24Mas, estando la barca muchos estadios lejos de la orilla, era combatida por las olas, porque el viento era contrario.
25Y a la cuarta vigilia de la noche vino a ellos, caminando sobre el mar.
26Mas los discípulos viéndolo andar sobre el mar, se turbaron diciendo: Es un fantasma; y en su miedo, se pusieron a gritar.
27Pero en seguida les habló Jesús y dijo: “¡Ánimo! soy Yo. No temáis”.
28Entonces, respondió Pedro y le dijo: “Señor, si eres Tú, mándame ir a Ti sobre las aguas”.
29Él le dijo: “¡Ven!”. Y Pedro saliendo de la barca, y andando sobre las aguas, caminó hacia Jesús.
30Pero, viendo la violencia del viento, se amedrentó, y como comenzase a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame!”
31Al punto Jesús tendió la mano, y asió de él diciéndole: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”
32Y cuando subieron a la barca, el viento se calmó.
33Entonces los que estaban en la barca se prosternaron ante Él diciendo: “Tú eres verdaderamente el Hijo de Dios”.