Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
12¿No eres Tú, oh Yahvé, desde la eternidad, el Dios mío, mi Santo? No moriremos, porque Tú, Yahvé, hiciste (aquel pueblo) para ejercer tu justicia; Tú, oh Roca, le has establecido para aplicar castigos.
13Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal, y no puedes ver la injusticia. ¿Por qué, pues, soportas a los pérfidos y callas cuando el inicuo devora al que es más justo que él?
14¿Por qué hiciste a los hombres como los peces del mar, como los reptiles que no tienen quien los gobierne?
15A todos ellos los pesca aquel con el anzuelo; los arrastra con su red, y los reúne en su barredera; por eso se goza y está alegre.
16Y por eso ofrece sacrificios a su red, e incienso a su barredera; pues gracias a ellos es pingüe su porción, y suculenta su comida.
17¿Es posible que siga vaciando su red, y continúe destrozando sin piedad a los pueblos?
1Estaré en pie sobre mi atalaya, me apostaré sobre la muralla, y quedaré observando para ver que me dirá (Yahvé), y qué responderá a mi querella.
2Y Yahvé me respondió, y dijo: “Escribe la visión, gravándola en tablillas, para que se pueda leer corrientemente.
3Porque la visión tardará en cumplirse hasta el tiempo fijado, llegará a su fin y no fallará; si tarda, espérala. Vendrá con toda seguridad, sin falta alguna.
4He aquí al soberbio, que en su interior no tiene alma recta; mas el justo por su fe vivirá.”
8He aquí que Yahvé se sienta para siempre, ha establecido su trono para juzgar.
9Él mismo juzgará el orbe con justicia, y gobernará a los pueblos con equidad.
10Y será Yahvé refugio para el oprimido, refugio siempre pronto en el tiempo de la tribulación.
11Y los que conocieron tu nombre confiarán en Ti, pues Tú no abandonas, Yahvé, a los que te buscan.
12Cantad salmos a Yahvé, que habita en Sión, haced conocer a los pueblos sus proezas.
13Porque el vengador de la sangre se ha acordado de los pobres, y no ha olvidado su clamor.
14Cuando llegaron adonde estaba la gente, un hombre se aproximó a Él, y, doblando la rodilla, le dijo:
15“Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está muy mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.
16Lo traje a tus discípulos, y ellos no han podido sanarlo”.
17Respondiole Jesús y dijo: “Oh raza incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os habré de soportar? Traédmelo aquí”.
18Increpole Jesús, y el demonio salió de él, y el niño quedó sano desde aquella hora.
19Entonces los discípulos se llegaron a Jesús, aparte, y le dijeron: “¿Por qué nosotros no hemos podido lanzarlo?”
20Les dijo: “Por vuestra falta de fe. Porque en verdad os digo: Que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: “Pásate de aquí, allá”, y se pasaría, y no habría para vosotros cosa imposible”.