Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
1En aquel tiempo, dice Yahvé, seré Yo el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.
2Así dice Yahvé: Halló gracia en el desierto el pueblo que se libró de la espada; Israel llegó a su descanso.
3Desde lejos se me apareció Yahvé (diciendo): “Con amor eterno te he amado, por eso no dejé de compadecerte.
4De nuevo te edificaré, y quedarás edificada, virgen de Israel; todavía te adornarás con tus tamboriles y saldrás a alegres danzas.
5Todavía plantarás viñas sobre los montes de Samaria; plantarán los plantadores y se gozarán.
6Porque tiempo vendrá en que los atalayas clamarán sobre los montes de Efraím: «¡Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios!»
7Porque así dice Yahvé: Cantad con alegría loores a Jacob, exaltad porque es el primero de los pueblos, pregonad, cantad y exclamad: «¡Yahvé, salva a tu pueblo, el resto de Israel!»
10Escuchad la palabra de Yahvé, naciones, anunciadla a las islas remotas, y decid: “El que dispersó a Israel, lo recoge, y lo guarda como el pastor a su rebaño.”
11Porque Yahvé ha rescatado a Jacob, lo ha librado del poder de uno que era más fuerte que él.
12Vendrán y exaltarán sobre las alturas de Sión, y concurrirán a los bienes de Yahvé, al trigo, al vino, al aceite, a las crías de ovejas y de vacas; y será su alma como jardín regado, y no padecerán ya necesidades.
13Entonces las doncellas, danzando en coro, se regocijarán, y los jóvenes a una con los ancianos; pues Yo trocaré su duelo en alegría, los consolaré, y los llenaré de gozo en cambio de su dolor.
21Partiendo de este lugar, se retiró Jesús a la región de Tiro y de Sidón.
22Y he ahí que una mujer cananea venida de ese territorio, dio voces diciendo: “¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está atormentada por un demonio”.
23Pero Él no le respondió nada. Entonces los discípulos, acercándose, le rogaron: “Despídela, porque nos persigue con sus gritos”.
24Mas Él respondió y dijo: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.
25Ella, no obstante, vino a prosternarse delante de Él y dijo: “¡Señor, socórreme!”
26Mas Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros”.
27Y ella dijo: “Sí, Señor, pero los perritos también comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”.
28Entonces Jesús respondiendo le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágasete como quieres”. Y su hija quedó sana, desde aquel momento.