Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
10Como la lluvia y la nieve bajan del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, y la fecundan y hacen germinar, para que dé simiente al que siembra, y pan al que come;
11así será la palabra mía que sale de mi boca: no volverá a Mí sin fruto, sin haber obrado lo que Yo quería, y ejecutado aquellas cosas que Yo le ordenara.
10Has visitado la tierra, la has embriagado y colmado de riquezas. El río de Dios rebosa de aguas; Tú preparas sus trigales, aparejando la tierra,
11regando sus surcos, y allanando sus terrones; las ablandas con lluvias, y fecundas sus gérmenes.
12Coronas de benignidad el año, y tus huellas destilan grosura.
13Las praderas del desierto destilan, y los collados se visten de exultación.
14Llenos están los campos de rebaños, y los valles se cubren de mieses; se alegran y cantan.
18Estimo, pues que esos padecimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que ha de manifestarse en nosotros.
19La creación está aguardando con ardiente anhelo esa manifestación de los hijos de Dios;
20pues si la creación está sometida a la vanidad, no es de grado, sino por la voluntad de aquel que la sometió; pero con esperanza,
21porque también la creación misma será libertada de la servidumbre de la corrupción para (participar de) la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
22Sabemos, en efecto, que ahora la creación entera gime a una, y a una está en dolores de parto.
23Y no tan solo ella, sino que asimismo nosotros, los que tenemos las primicias del Espíritu, también gemimos en nuestro interior, aguardando la filiación, la redención de nuestro cuerpo.
1En aquel día, Jesús salió de casa y se sentó a la orilla del mar.
2Y se reunieron junto a Él muchedumbres tan numerosas, que hubo de entrar en una barca y sentarse, mientras que toda la gente se colocaba sobre la ribera.
3Y les habló muchas cosas en parábolas diciendo: “He ahí que el sembrador salió a sembrar.
4Y, al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino, y los pájaros vinieron y las comieron.
5Otras cayeron en lugares pedregosos, donde no tenían mucha tierra, y brotaron en seguida por no estar hondas en la tierra.
6Y cuando el sol se levantó, se abrasaron, y no teniendo raíz, se secaron.
7Otras cayeron entre abrojos, y los abrojos, creciendo, las ahogaron.
8Otras cayeron sobre tierra buena, y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.
9¡Quien tiene oídos, oiga!”
10Aproximáronse sus discípulos y le dijeron: “¿Por qué les hablas en parábolas?”
11Respondioles y dijo: “A vosotros es dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero no a ellos.
12Porque a quien tiene, se le dará y tendrá abundancia; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni comprenden.
14Para ellos se cumple esa profecía de Isaías: “Oiréis pero no comprenderéis, veréis y no conoceréis.
15Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, y sus oídos oyen mal, y cierran los ojos, de miedo que vean con sus ojos, y oigan con sus oídos, y comprendan con su corazón, y se conviertan, y Yo los sane”.
16Pero vosotros, ¡felices de vuestros ojos porque ven, vuestros oídos porque oyen!
17En verdad, os digo, muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; oír lo que vosotros oís y no lo oyeron”.
18“Escuchad pues, vosotros la parábola del sembrador.
19Sucede a todo el que oye la palabra del reino y no la comprende, que viene el maligno y arrebata lo que ha sido sembrado en su corazón: este es el sembrado a lo largo del camino.
20El sembrado en pedregales, este es el hombre que, oyendo la palabra, en seguida la recibe con alegría;
21pero no teniendo raíz en sí mismo, es de corta duración, y cuando llega la tribulación o la persecución por causa de la palabra, al punto se escandaliza.
22El sembrado entre los abrojos, este es el hombre que oye la palabra, pero la preocupación de este siglo y el engaño de las riquezas sofocan la palabra, y ella queda sin fruto.
23Pero el sembrado en tierra buena, este es el hombre que oye la palabra y la comprende: él sí que fructifica y produce ya ciento, ya sesenta, ya treinta”. .