Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
1En el año en que murió el rey Ocías, vi al Señor sentado en un trono alto y excelso y las faldas de su vestido llenaban el Templo.
2Encima de Él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con dos los pies, y con dos volaban.
3Y clamaban unos a otros, diciendo: “Santo, santo, santo es Yahvé de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.”
4Y los fundamentos de los umbrales se conmovieron a la voz del que clamaba; y la Casa se llenó de humo.
5Entonces dije: “¡Ay de mí, que estoy perdido! Pues soy hombre de labios impuros, y habito en un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, Señor de los ejércitos.”
6Y voló hacia mí uno de los serafines, que tenía en su mano una brasa ardiente, la cual con las tenazas había tomado de encima del altar.
7Con ella tocó mi boca y dijo: “Mira, esto ha tocado tus labios; quitada está tu iniquidad, y expiado tu pecado.”
8Y oí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” Respondí: “Heme aquí; envíame a mí.”
1Reina Yahvé; se ha revestido de majestad. El Señor se reviste de poder, se ciñe las armas; da estabilidad al orbe de la tierra, que no se moverá.
2Fijado está tu trono desde ese tiempo; Tú eres desde la eternidad.
5Tus testimonios, Yahvé, son segurísimos; corresponde a tu casa la santidad por toda la duración de los tiempos.
24“El discípulo no es mejor que su maestro, ni el siervo mejor que su amo.
25Basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo ser como su amo. Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿cuánto más a los de su casa?
26No los temáis. Nada hay oculto que no deba ser descubierto, y nada secreto que no deba ser conocido.
27Lo que os digo en las tinieblas, repetidlo en pleno día; lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.
28Y no temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; mas temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna.
29¿No se venden dos gorriones por un as? Ahora bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre.
30En cuanto a vosotros, todos los cabellos de vuestra cabeza están contados.
31No temáis, pues vosotros valéis más que muchos gorriones”.
32“A todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre celestial;
33mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.