Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
2¡Conviértete, oh Israel, a Yahvé tu Dios, porque has caído por tu iniquidad!
3¡Reflexionad y volveos a Yahvé! Decidle: ¡Quita Tú toda iniquidad y acepta lo que es bueno! Y te tributaremos los sacrificios de nuestros labios.
4No nos salvará Asiria, ya no montaremos en caballos; no llamaremos en adelante dioses nuestros a las hechuras de nuestras manos; pues en Ti halla misericordia el huérfano.
5Yo sanaré sus infidelidades; los amaré por pura gracia; porque mi ira se habrá apartado de ellos.
6Seré como rocío para Israel; brotará como el lirio y echará raíces como el Líbano.
7Sus ramas se extenderán, será su lozanía como la del olivo, y su fragancia como la del Líbano.
8Volverán y se sentarán bajo su sombra, crecerán como el trigo, y florecerán como la vid, y su fama será como la del vino del Líbano.
9Entonces (dirá) Efraím: “¿Qué tengo yo que ver ya con los ídolos?” Y Yo le responderé, y lo veré como abeto verde. ¡De Mí saldrán tus frutos!
10¿Quién es el sabio que esto comprenda, el hombre inteligente que lo conozca? Porque rectos son los caminos de Yahvé, y los justos andan por ellos; mas los prevaricadores hallan en ellos su ruina.
3Ten compasión de mí, oh Dios, en la medida de tu misericordia; según la grandeza de tus bondades, borra mi iniquidad.
4Lávame a fondo de mi culpa, límpiame de mi pecado.
8Mas he aquí que Tú te complaces en la sinceridad del corazón, y en lo íntimo del mío me haces conocer la sabiduría.
9Rocíame con hisopo, y seré limpio; lávame Tú, y quedaré más blanco que la nieve.
12Crea en mí, oh Dios, un corazón sencillo, y renueva en mi interior un espíritu recto.
13No me rechaces de tu presencia, y no me quites el espíritu de tu santidad.
14Devuélveme la alegría de tu salud; confírmame en un espíritu de príncipe.
17Abre Tú mis labios, oh Señor, y mi boca publicará tus alabanzas,
16“Mirad que Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.
17Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanhedrines y os azotarán en sus sinagogas,
18y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para las naciones.
19Mas cuando os entregaren, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis. Lo que habéis de decir os será dado en aquella misma hora.
20Porque no sois vosotros los que habláis, sino que el Espíritu de vuestro Padre es quien, habla en vosotros.
21Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; y se levantarán hijos contra padres y los harán morir.
22Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, ese será salvo.
23Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis (de predicar en) las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre”.