Las lecturas bíblicas asignadas a la Misa de hoy.
4Se dieron reyes, pero no por Mí, se constituyeron príncipes, que Yo no conocí; de su plata y de su oro se hicieron ídolos para su propia perdición.
5Tu becerro, oh Samaria, me da asco; se ha encendido contra ellos mi ira. ¿Hasta cuándo serán incapaces de purificarse?
6Pues ese (becerro) es obra de Israel; lo hizo un artífice, y no es Dios; por eso será hecho pedazos el becerro de Samaria.
7Porque sembraron viento recogerán torbellino; no tendrán frutos, el trigo no dará harina; y si la diere, se la comerán los extranjeros.
11Efraím ha multiplicado los altares para pecar; esos altares han sido el origen de su pecado.
12Yo le prescribí muchas leyes, mas son reputadas como cosa extraña.
13Me presentan sacrificios, pero después de degollar la víctima se la comen ellos mismos. Yahvé no los acepta; ahora mismo se acordará de su iniquidad y castigará su pecado. ¡A Egipto volverán!
11El Dios nuestro está en el cielo; Él hace todo cuanto quiere.
12Los ídolos de aquellos son plata y oro, hechura de mano de hombre:
13tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, mas no ven;
14tienen orejas y no oyen; tienen narices y no huelen;
15tienen manos y no palpan, tienen pies y no andan; y de su garganta no sale voz.
16Semejantes a ellos serán quienes los hacen, quienquiera confía en ellos.
17La casa de Israel confía en Yahvé; Él es su auxilio y su escudo.
18La casa de Aarón confía en Yahvé; Él es su auxilio y su escudo.
32Cuando ellos hubieron salido, le presentaron un mudo endemoniado.
33Y echado el demonio, habló el mudo, y las multitudes, llenas de admiración, se pusieron a decir: “Jamás se ha visto cosa parecida en Israel”.
34Pero los fariseos decían: “Por obra del príncipe de los demonios lanza a los demonios”.
35Y Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en sus sinagogas y proclamando la Buena Nueva del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
36Y viendo a las muchedumbres, tuvo compasión de ellas, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, esquilmadas y abatidas.
37Entonces dijo a sus discípulos: “La mies es grande, mas los obreros son pocos.
38Rogad pues al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.